Mundos pasivos

Vienen y van
frente a mi casa pasan
esposas con paraguas

hombres extenuados
y perros sin futuro
entre frescos de lluvias


Todos los signos de la historia
se reúnen frente a la casa
que habito

Hay otro mundo, tal vez
sentado como yo 
que sueña, mirándome morir
y uno más caótico,  comenzando en la inmensidad

Hay muchos otros mundos
fragmentados como guerreras esquirlas
abandonadas al sol,
quemándose en el horizonte

Hay uno, taciturno 
que envejece en la fosca 
de los ojos, en la soledad,
que sin esperar su apocalipsis decide sentenciarme.

No importa, ya murió el amor
la tierra no vale
la noche correcta esteriliza los puñales del sueño profundo
y no importan los días
cada segundo disemina dolor


Veinte centavos argentinos

Poema en voz: Eche veinte centavos en la ranura de Raúl González Tuñón por Raúl González Tuñón

Entre ayer y Hoy

(a Laura)

Hace poco entendí o adiviné lo que dicen en susurros los signos del tiempo; el sentido de aquello que flota sobre la idea y sostiene la sabiduría, o las palabras que atacan y defienden la estructura sincrética del amor. Y entendí, casi ayer, que al lado de todo lo que aún vive, sueña una voz que discute azares y destinos;  y que sabios demiurgos, sugestionados y maravillados por la insistencia del día al despertar, abren los ojos al nuevo futuro y a los rojos ocres del otoño con intenciones de instaurar otras formas de sentir. Un nuevo mundo, otro dios,  pasados y presentes, todas las formas han comenzado a crearse y vienen cegadas por la furia solar.

Hace poco que volví al espejo y a las costumbres a notar cómo la lluvia desmaya y se vuelve agua en la tarde; hace poco regresé a las simples cosas.

¿Silueta de mujer o perfume del durazno? Amor puro que junta el aire de los rezos, como si fuese luna. O yo mirando, como si amara su máximo silencio.  Podría abrazarla sin pedirle más que una mirada; podría pensar que me quiere o que de a ratos piensa lo mejor de mí, porque hoy he vuelto al vértigo de la espera como si la historia del hombre recomenzara y viejas artimañas para ver el fuego volvieran sobre los reinos del orbe. Hace muy poco, ayer, los segundos de un encuentro olvidado en mis años ardientes se juntaron como la arena del rio;  los momentos de la eternidad hicieron nido en mi cabeza. Hoy, así nomás hoy, he vuelto a ver o a saber, qué más da! Ya veo, ya sé, la tarde como antes, dormirse el sol como antes; pronto se irá el alma que me guía y el corazón que a veces me abandona, por eso todo me será dicho antes de la muerte.

 

Schubert

HABER LA VIDA

 
Frente a la puerta de mi habitación
frente a cualquier puerta
pienso en algo más que franquearla,
pienso en mi brazo
hecho con los límites mecánicos de lo humano
y, si bien puedo optar y aceptar la invitación 
a pasar
sé, que no pactar y rebelarme
(sea un servil o un esclavo)
será lo correcto
que serán la suerte y la inteligencia
lo que me eleve hasta la humana soberbia
y que responderé a ese y otros actos
como alguien que nació vulgarmente
intransigente con los vicios de la libertad,
y que seguiré prefiriendo el azar
sin detenerme en la vana crítica
porque 
soy de lo que me rodea
no construido ni asesorado
no educado ni sabio
acaso emergido de los lagos,
de todos los espejos de la vida.

Reminiscencia

El regreso

Ultimos versos.

L’Atelier des icônes